
Ya van dos meses y medio. Dos meses y medio de los cuales ni una noche he podido dormir completamente bien. Cuando yo digo que duermo "completamente bien" es porque cerré los ojos cuando aun era de noche, y los volví a abrir de día, a la hora de despertar. Ultimamente no he podido disfrutar de un sueño sin que sea interrumpido. Para mí el soñar es sagrado; el sueño se-res-pe-ta. Es una cuestión de principios y moral que me enseñaron desde chiquita. Uno no le niega un vaso de agua a nadie; tampoco le damos compota vencida a un bebé; y hay que cepillarse los dientes todos los días al despertar y antes de dormir; pero sobretodo.. el sueño se respeta.
Todo ha venido por etapas. Al comienzo de estos dos meses y medio, cuando no tenía cuarto propio, me despertaba saber que tenía a alguien a mi lado moviéndose y a la vez moviendo a Chica -que cómo yo, se molestaba; y cómo resultado me movía hasta acomodarse. Generalmente cuando me despiertan en pleno sueño, abro más o menos los ojos, veo que no haya monstruo y me vuelvo a dormir. Eso hice, hasta que terminé por mudarme a "mi propio cuarto".
Nunca había sido dueña de un lugar tan público. Digo público porque es el camino al baño, el cuarto junto a la cocina, y junto a la ventana por donde sale el sol. Detesto despertarme por luz, así que aquello del sol esta medio cubierto gracias a unas persianas que ahí me esperaban. Sin embargo, aquí la gente amanece a eso de las 7 cuando aun es oscuro con bolas. [Puro negro con unas peloticas plásticas de los parques de McDonalds.] La cosa empieza cuando se despierta Laqueteconté y prende la luz de la cocina. Eso sólo me molesta cuando comienza por abrir la puerta de mi cuarto para dirigirse al baño, donde se encierra. Es entonces cuando logro mantener los ojos más abiertos que cerrados y me paro de la cama para cerrar la puerta de mi cuarto.
No hay necesidad de que transcurran un par de minutos, cuando por fin me acuesto, para que se prenda el secador de pelo. En mi vida había hecho un secador de pelo tanta bulla! Cómo he venido a odiar a esos malévolos aparaticos! Cualquier cosa que haga tanto ruido a las 7 de la mañana tiene que venir de las entrañas más profundas del infierno. Lo digo en serio.
Como si eso fuera poco, entra Chica a paso velóz y logra derrumbar mi puerta para montarse en mi cama y saludarme, porque cree que como todo el mundo en este país, debo estar despierta. Efectivamente, así me encuentro en este punto de la madrugada: despiertísima. La perra encima de mí, la luz de la cocina directo a mis dilatadas pupilas y el sonido de la máquina diabólica...
Me lleno entonces de una ira inexplicable para poder pararme, sacar a la perra del cuarto, cerrar la puerta y poner una silla pesada junto a la puerta para que no lo vuelva a hacer. (Si no ha cogido el dato a estas alturas, mi puerta no cierra bien)
"Al fin" pienso -pero no por mucho tiempo. Sale Laqueteconté muy seca del baño y de nuevo luz luz luz. Pareciera ésto el período blanco de Armando Reverón. Terminaré yo por volverme esquizofrenica de la arrechera que se va acumulando.
En la cocina pareciera que los platos, la nevera y el lavaplatos se pusieran de acuerdo para hacer bulla cuando no estan disfrutando del olor de salchichas mientras uno -que intenta dormir- no tiene hambre. A veces me pregunto si es el complot de los objetos a mi alrededor o si serán estas paredes de cartón....Y dicen que son paises primer mundistas. Con estas paredes de carton NO PARECE. Sólo pido una horita más sin que me tenga que despertar obligada y porque sí.
Eventualmente llega el fin de semana donde pienso que podría dormir mejor. Lo cierto es que alguien siempre se despierta antes que yo y se presentan dos situaciones: o es una que me avisa que necesita que la saque para ir al baño, o es la otra que recibe una llamada telefónica. El teléfono suena por toda la casa viajando a la velocidad de la luz. Claro, con paredes de cartón, cómo no?! Por otro lado, nunca me había tomado tan en serio eso de que los venezolanos hablamos bien duro. Sobretodo por teléfono! Pero al ser fin de semana, me despierto para aprovechar el día.
A veces Laqueteconté no está; y aunque me haga falta la compañía a la hora de la cena me acuesto pensando que mañana no tendré que enfrentarme con el secador ni con la luz.
Pero me olvido de ésto cuando llegan las 5a.m. y me despierta la chiquita porque tiene que hacer pipí. Me pongo mi abrigo, salgo con los ojos chiquiticos y regreso a darle la comida y acostarme a dormir de nuevo.
Admito que hay días en los que tengo suerte. Generalmente son los fines de semana, donde no hay necesidad de secarse el pelo tan temprano, ni cortar la grama, o hacer cincuentamil preparaciones.
Aunque hay algunos días, en los que toca la puerta Murphy y me hace despertar por mi cuenta para ir al baño como cinco veces una misma noche.

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