
Era un día soleado, azul como en ningún otro lado. Laura acababa de llegar a su casa después de buscar a los niños al colegio. Mientras ella ponía las bolsas marrones del mercado en la mesa de la cocina, sus 3 hijos corrían alegremente a sus cuartos. Se encontraban embarrados en pantano de fútbol extracurricular, como todos los martes por la tarde.
Estaba una parejita de abuelos sentados en el parque de siempre. José le acariciaba las manos a la mujer de su vida, con quien cumplía hoy, 65 años de casado. Decidieron celebrarlo tranquilitos, comiendo manzanas verdes como la primera vez que se conocieron.
Frente a ellos pasó una pareja jóven discutiendo. Ella se quejaba porque él ya no le prestaba atención, y él estaba seguro de que ella le montaba cachos con el pana de la discotienda. "Fue con él verdad? Porque es todo indie y tiene un piercing en la ceja! Seguro!"
José y su esposa se rieron de la tonta juventud y procedieron a comerse sus manzanas que traían ya peladas. Miraban la ciudad anticipando el atardecer. No podían evitar compararla con la ciudad de su época. Los edificios con paredes de espejos ya no estaban tan lejos.
Adentro de ellos, estaba Francisco preocupado porque tenía una reunión importantísima con unos clientes al día siguiente. BAM! Se le cayó el café en unos papeles y salieron como cincuenta + ocho + mil maldiciones de su estirada boca. Su secretaria, que jugaba a la granjita por Facebook, le bajó el volumen al remix de Willie Colón con Daddy Yankee que estaba escuchando para oir qué pasaba.
Abajo del edificio, en la esquina más cercana João vendía la última canilla fresca del día y el señor que salía, compró un ticket del Kino antes de montarse en su carro.
Michael, el perrocalentero estaba teniendo un día genial. No hacía mucho calor, y la gente parecía estar de buen humor. Ah! Y la novela de las 12 estuvo de lo mejor también.
Rebecca escuchaba Radiohead en su cuarto. Pensó por un instante qué pasaría si el mundo dejase de existir.
Agarró un papel electrónico y comenzó a escribir.
El mundo ya no existe, comencé.
Primero se derritió el caramelo, y todos lo creyeron normal. Ya eran años de cocina repetitiva. 2+2 son 4. El caramelo al calor, se derrite. Algunos se rieron cuando el sofá se convirtió en arena, especialmente los viejos que dejaron de escuchar la cadena. A los que veían el Superbowl no les dió tanta risa. La gente comenzó a caminar al revés y los cangrejos caminaron derecho antes de perder su inmortalidad. Las sirenas ,alegres, cantaban bajo el agua mientras les crecían pies escarchados. Un niño glotón se convirtió en masa de galleta con chispas de chocolate. El empresario agarró su cuchara y con un poco de whipped cream se lo comió. Habían personas que se rieron tan duro que se les cayó la quijada. Mandibulas con patas caminaban muertas de la risa por las calles sin mirar los semaforos. Los superhéroes salían de las comics, bajaban nubes para que los jugadores de basketball las pudieran saborear. El tiempo parecía derretirse tal cual obra de Dalí, y no pasó mucho tiempo para que la gente comenzara a revivir sus memorias preciadas en colores psicodélicos. Quienes quisieron, lograron traer a vida sus sueños en el caos cósmico. El piso se convirtió en un teclado de tonalidades mágicas antes de que el globo de partiera en dos mitades de naranja.
Qué está pasando? Preguntó mi abuela saliendo de una avioneta en pantaletas. Sostenía un vaso de whisky como en los buenos tiempos. (y es que hay cosas en este mundo que nunca cambian..)
Nada, dije.
Es que ya no existimos.
((foto por: Mark Mumford))





